Era una fria mañana de otoño, de esas que son particularmente grises. Ella se levantó tranquila. Escrutó por unos minutos el cielo, en esa ambigüedad de día y noche que se adueña del firmamento en esas madrugadas tan faltas de color. Finalmente, vistió sus ropas negras y salió a cumplir con su deber. Caminó durante unos minutos hasta encontrarse frente a la puerta del viejo hospital. Entró con un aire de frialdad carácteristico en ella, sin saludar, y dirigiendo sus pasos decididamente por aquellos largos pasillos. Llevaba un aire de amargura en su andar que provocaba silencios incómodos entre la gente y hasta alguna que otra mirada de disgusto. Sin embargo, nadie pronunciaba una palabra. En el fondo, ella los entendía. Nadie podía comprenderla sin conocerla a fondo, cosa que muy pocas personas hacen. La llegada al ala este del deteriorado edificio detuvo sus pensamientos. Empujó la puerta con ambas manos y sus pasos resonaron en la sala. La joven pareja, de aspecto humilde dejó de abrazarse y pausó sus sollozos por un instante para mirarla. Ella abrió la puerta de la habitación sin dirigirles la mirada y se adentró en las penumbras. Frenó sus pasos cuando se halló frente a la pequeña criatura. Nadie podría imaginar que ella alguna vez sintiera pena, pensó en un gesto de resignación. No le gustaba. No le gustaba nada hacerlo, pero era su deber. Se alejó caminando despacio, dejando atrás el punzante sonido. La vida continuaba, y la muerte también...
martes, 30 de marzo de 2010
lunes, 29 de marzo de 2010
Claroscuro
La variación del rumbo en que mis pensamientos oscilan suele ser un tanto contrastante. Ayer me acosaba una angustia profunda generada por el miedo al paso del tiempo. Hoy razonando más tranquilo llegué a la conclusión de que suelo ser un tanto terco para mirar hacia alrededor, para dar vuelta la página. Me encontré recordando momentos que dieron color a mi existencia y también mirando hacia adelante con optimismo y fantasía. Sonrío al recordarme feliz, en compañía de quienes más quiero. Una sensación reconfortante me recorre de pies a cabeza al darme cuenta de que todavía queda muchísimo por disfrutar. Planear las siguientes vacaciones con mis amigos, seguir creciendo día a día con mi banda, ver madurar a mi hermano, abrazarme con mi viejo al gritar un gol en la tribuna, ver películas y debatir acerca del cine con mi vieja, disfrutar el tiempo con mis abuelos y muchas cosas más. Este cambio de estado anímico también conlleva una especie de nueva apreciación de mi mismo. Acostumbraba a castigarme demasiado y a desanimarme a la primera dificultad que algo suponía. La vida me mostró que analizar mentalmente cada variante posible de una determinada situación no solo no ayuda en nada sino que además es muy perjudicial. Así que voy a dejar a mi mente descansar de esos tormentos. Voy a empezar a tratarme un poco mejor.
sábado, 27 de marzo de 2010
Esclavo Del Reloj
Hay ciertos momentos de mi vida donde mi cabeza se frena en seco y decide empezar a torturarme con planteos desoladores. Justamente ayer, sábado al mediodía, me levantaba y sentía las palabras de mi vieja diciéndome que iban a venir a buscar a la perra para sacrificarla. Lo entendí, y lo tomé tranquilo ya que era algo sabido. Estaba muy vieja, y ya no tenía fuerzas para seguir. Lo había aceptado sin problemas, con dolor, pero soportandolo. Hasta que mi mente tiene que soportar las imágenes que mis ojos percibían. Veo al pobre animal, envuelto en una sábana vieja, llevada en brazos a su destino. Cuando sentí el portón cerrarse una angustia me invadió. Todo eso me hizo dar cuenta de lo efímera que es nuestra existencia. El recuerdo borroso de mi mismo siendo un niño de tres años, eligiendo una cachorrita para que me acompañe en mi vida me llenó de nostalgia. Y más memorias se fueron sucediendo como una cadena. Miré hacia atrás y recordé en resumen los casi dieciocho años de mi vida, y sentí un desconsuelo desgarrador. Mi mente había puesto pausa y me había mostrado lo que había pasado de la película, y en consiguiente, el cálculo de cuanto le restaba. Un golpe de realidad mientras yo seguía recordando. Un niño levantándose en medio de la noche temeroso de la oscuridad que lo rodea, corriendo sin mirar hacia atrás en busca de los brazos de mamá y papá. Se acurrucaba entre ellos dos, sentía ese calor, esa contención. Sin preocupaciones. Sin miedos. A salvo... Y de un segundo a otro estoy acostado en mi cama, en la misma que hace quince años abandonaba en busca de protección. No soy más un niño, tengo millones de preocupaciones, no me siento a salvo, tengo frío y tengo mucho miedo. Estas regresiones me dejaron parado viendo como todo pasa. Y cuando río me acuerdo, y duele más. Y no puedo detener el tiempo. No puedo hacer que parezca mas duradero y rendidor. Los recuerdos son cada vez mas grises y cada vez tengo más frío. No puedo evitar pensar que los momentos de felicidad solo sirven de anestesia para esta realidad que siento. Ser feliz es olvidarse de que la muerte es inevitable. Y sin embargo la película sigue. Mis héroes no son eternos. Yo tampoco. La tristeza si...
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